No recuerdo días fáciles.

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Soy nacido en el año 1976. 

Fui concebido y viví mis primeros años mientras transcurría la dictadura militar más sangrienta que se tenga recuerdos por nuestro país. Mi primera niñez fue en el contexto de una sociedad que dejaba la inocencia impuesta (para olvidar años tan dolorosos) de la post segunda guerra para sumirse en un periodo sangriento al menos por esta parte del planeta. Desde que nací, la vida ya no era solamente visitar parientes que no entendía de donde provenían; ver como trabajaban casi sin pensar; transitar domingos en familia repetidos, seguros e inefables; visitas a familiares del kilómetro treinta de no sé dónde; algo de fútbol por radio; olores que comenzaban a desvanecer, etc. La sociedad argentina  comenzaba a mutar.  

No tuve la suerte de vivir con conciencia ciudadana la primavera democrática de Alfonsín (1983-1989). Transcurrí mi infancia y primera adolescencia con un gobierno, si se quiere, de transición que despertó enormes expectativas y vino a traer un aire fresco a tanta locura. 

Ahora sí todo mejora.

Hum… no. 

Entre medio de mi adolescencia y primera adultez debí transitar (padecer) el peronismo liberal de los ´90. Eran días de privatización de todo con empresas que venían a cambiar la estética de nuestras vidas; con quioscos llenos de productos importados; canales de televisión con colores no acostumbrados a ver y sobre todo con una resuelta esperanza que todos podamos acceder a ese “nuevo mundo” empresarial de yuppies que te deslumbraban. 

Pero no… 

En ese tiempo de adolescencia llena de sueños veía como de algún modo cada día era más lejano poder cumplirlos. Así fue como a mediados de los ´90 comencé a estudiar abogacía apenas terminado el secundario en pleno apogeo del menemismo sin ningún tipo de ayuda o padrino que me pueda facilitar trabajo durante o después de tamaña aventura. La facultad era para mí un lugar frío, enorme y distante pero la pude sortear con éxito.

Así que ahora sí arrancan días más fáciles. Hum… no.

Cuando me recibí de abogado egresado de la Universidad de Buenos Aires y creyendo que por fin podía trabajar fuertemente en mi profesión lleno de sueños… sobrevino el fatídico año 2001. 

Dale ¿en serio esto va a ser así?

Primero cambió el mundo con el 11-S en USA luego unos meses después en la Argentina ocurrieron muertes, recesión, cinco presidentes en una semana e incertidumbre. Llegamos a dudar de la propia subsistencia de la Nación.  

Así fue mi comienzo profesional del abogado que no pudo disfrutar de la época alfonsinista, que no disfrutó de la deslumbrante estética de los ´90, que no podía comprar muchas cosas importadas de los quiscos, que no logró ser un yuppie exitoso de empresa multinacional y que en definitiva iba “acomodando” sueños en la medida que el tiempo pasaba. Lleno de incertidumbre con pocas oportunidades en un país que decaía día a día. 

Muchos años después (más precisamente 19 años), con muchos fracasos en el hombro, redefiniendo expectativas en función de nuevas realidades y especialmente creyendo que sobrevivía pero que a la postre estaba creciendo a fuerza de trabajar incansablemente, logré afianzarme en mi profesión y en una hermosa empresa de servicios inmobiliarios.

Logré tener mi propio bufete de abogados con mi nombre paterno y materno y una empresa! Que orgullo! 

Tardé 19 años pero ¿llegué?

Hum… no… Dale ¿en serio esto va a ser así otra vez?

Cuando parecía que llegaba a cierta solvencia laboral de mi vida adulta apareció el COVID-19. Nuevamente incertidumbre, miedos y la sensación de tener que transitar caminos desconocidos pero con mayor responsabilidad que en las épocas pasadas. Ahora tenía una familia, empleados, más responsabilidad y ponele algo de prestigio.

Todo lo construido y soñado se ponía en riesgo como sucedió en el año 2001 o como pasaba en los años oscuros de la dictadura militar.

Dicho todo este recuento mínimo de una vida innota que no le importa a nadie pero que es aplicable a cada uno que lo lea, la pregunta que surge es la misma de siempre: ¿Que debo o puedo hacer ahora?

Ni más ni menos de lo que vengo haciendo desde 1976. Mantener los sueños siendo inteligente para “acomodarlos”, trabajar incansablemente, estudiar o especializarse, achicarse cuando sea necesario, escuchar, pedir ayuda cuando haga falta pero especialmente siendo colaborativo, solidario y ejercer al networking.

Trabajar todos los días sin pensar demasiado en el pasado o en el futuro. Aceptar lo que no puede cambiarse. Encontrar un nicho de trabajo que nos permita estudiar y hacernos expertos. Lograr aplicar dicho aprendizaje al campo laboral. Buscar soluciones parciales. Lo que nunca hice fue lamentar cada uno de los días que les comenté. No existe tal cosa y si aparece rápidamente interrumpir los pensamientos negativos. Tener en cuenta las renovaciones constantes. Tratar de estar alegre.

Si antes no le prestabas atención a los alquileres quizás sea un buen momento para ello teniendo en cuenta lo que sucederá con los AIRBNB. Si los galpones son tierra desconocida para la comercialización porque no aprender en tiempos evidentes de creciente logística. Si los barrios cerrados fueron ajenos a tu radar laboral porque no incursionar en tiempos donde las personas buscarán más espacio donde vivir. Si el teletrabajo se impondrá por algún tiempo porque no leer los millones de artículos que existen sobre eso en google. Si las conferencias por internet son lo que se viene porque no aprender sobre ello. Si debo aprender a administrarme financieramente porque no aprender sobre ello.  

Es allí donde no existirán días fáciles pero será un enorme desafío enfrentarlos y lograr tener éxito. Siempre se podrá aunque el camino sea largo.